
El día en que lo iban a matar, Juanito Maya se levantó a las cinco y media de la mañana para esperar el bus en que llegaba el cura del pueblo. Había soñado que atravesaba un bosque de higueras donde caía una llovizna tierna, y por un instante fue feliz en el sueño, pero añl despertar se sintió por completo salpicado de cagada de pajaros. "Siempre soñaba con árboles", me dijo Maía Gomez, su madre, evocando treinta años después los pormenoses de aquel lunes ingrato.







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